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HISTORIA GENERAL DE ROBOS Y ASESINATOS DE LOS MÁS FAMOSOS PIRATAS, Daniel Defoe.

 

“Con los oficios honrados se come poco y mal, el sueldo es bajo y se trabaja duro; en éste, se disfruta de riqueza y abundancia, de diversiones y placer, de libertad y poder. Y ¿quién no se inclinaría hacia este lado cuando el único peligro que se corre, en el peor de los casos, es una mirada de desprecio o dos cuando a uno le ahorquen? No; mi lema será vivir poco, pero con alegría.”
Capitán Bartholomew Roberts (1721).

Los piratas de Defoe son con los que en algún momento todos hemos podido o debido soñar. Movidos por el afán de una vida mejor, dinero, mujeres, locas aventuras y ron, sin acatar ordenes de un estricto y malhumorado patrón. Sin amo, electores libres de su capitán y de pasar la mancha negra a cualquier revolucionario pasado de rosca. Avery, Roberts o Barbanegra tenían claro sus objetivos: al abordaje y saqueo de toda nave al alcance de su catalejo en el Caribe de los tiburones, sin importarles el color de la bandera de la nave asaltada o su colección de cañones. Reniegan de los poderes establecidos o normas establecidas y sólo reconocen que la cobardía y la traición tienen su justo castigo (conocer la quilla del barco o unas vacaciones en un islote alejado de las rutas marítimas convencionales, a esta práctica también se le llamó maroon, esto, siempre más agradable que colgar de la soga reservada para los condenados piratas). Perseguidos, ahora sí, por todos los gobiernos y obstinados en no acogerse al perdón ofrecido por su rey Jorge.

Que carecía de importancia quién fuera dignificado con el título de capitán; porque en realidad de verdad, en todo buen gobierno (como el de ellos) el poder supremo residía en la comunidad, que podía delegarlo o retirarlo de acuerdo con su interés o su humor. “Nosotros somos el origen de este derecho –dijo-; y si un capitán tiene la insolencia de excederse en sus atribuciones en cualquier momento, nos lo cargamos y en paz. Y que su muerte sirva de advertencia a sus sucesores de las fatales consecuencias que la arrogancia les puede acarrear. Mi opinión, sin embargo, es que mientras estamos sobrios pongamos a un hombre con valentía, y experiencia en la navegación, que por su consejo y bravura parezca el más capaz de defender a esta comunidad y guardarnos tanto de los peligros y tempestades de un elemento inestable como de las fatales consecuencias de la anarquía.”

Éstos, los auténticos piratas, los que carecen de documentación alguna o patente de corso que los proteja y por supuesto, sin subyugarse a gobierno alguno. Nada que ver con Morgan, Hawkins o Drake, corsarios todos y fiel imagen de su patria, ladrones que han hecho de la palabra pirata sinónimo de inglés, saqueadores del patrimonio de los demás ante su incapacidad de hacer nada.

Los marinos proscritos de Defoe navegan orgullosos de ver ondear su bandera negra al viento del Caribe. Sembrando el terror entre los capitanes, torturados o ganadores de la famosa mancha negra si no confesaban la ubicación de esa parte del botín que más deseaban (oro, monedas, diamantes, joyas) Cegados por el brillo de los diamantes que llegaban a romper en mil pedazos para repartir las piedras a partes iguales, demostrando el carácter salomónico de aquellos hombres en el reparto. Cada tripulación disponía de un código: distinto para cada hermandad y en el fondo muy iguales, ni mejores ni peores, pero siempre de “religioso” acatamiento.

-  Cada hombre tiene un voto en los asuntos de importancia. Igual derecho tiene a provisiones frescas y bebidas fuertes, en cualquier momento que se apresen, que podrá consumir a su antojo, a menos que su escasez aconseje decidir su racionamiento por el bien de todos.


-  Se llamará puntualmente a todos, por lista, uno por uno para que suban a bordo de las presas; porque (además de la parte que les corresponda) en esas ocasiones tienen derecho a un juego de ropa personal: pero el que estafe a la compañía el valor de un dólar en plata, joyas o dinero, será abandonado en una isla desierta en castigo. Si el robo lo hace un hombre a otro hombre, contenderán entre sí, se le cortarán las orejas y la nariz al culpable, y se le desembarcará, no en un paraje deshabitado, sino en algún otro donde indefectiblemente sufra muchas penalidades.


-  Nadie jugará a las cartas o a los dados por dinero.


-  Las luces y velas se apagarán a las ocho en punto de la noche; si después de esa hora alguno de la tripulación tuviera ganas de seguir bebiendo, lo hará en la cubierta superior.


-  Todos deberán mantener sus armas, pistolas o machetes, limpias y listas para su uso.


-  No se permiten niños ni mujeres a bordo. Si se descubre que alguno seduce una mujer y la embarca disfrazada, será condenado a muerte.


-  El abandono del barco o del puesto durante una batalla se castigará con la muerte o el abandono en una isla desierta.


-  No se permitirán peleas a bordo, sino que todas deberán solventarse en tierra, a espada o pistola, de la manera siguiente: cuando las partes no se avengan a una reconciliación, el cabo de brigadas acompañara a los contrincantes a tierra con la asistencia que considere oportuna, los pondrá de espaldas el uno al otro, a muchos pasos de distancia; a la voz de mando, se volverán y dispararan inmediatamente (o se les quitara el arma de las manos): si fallan los dos, recurrirán a sus machetes, y será declarado vencedor el que haga la primera sangre.


-  No se permitirá a nadie abandonar este genero de vida hasta que cada uno haya reunido de su parte 1.ooo libras. Si conforme a esto, alguno pierde un miembro, o queda lisiado a causa de su servicio, recibirá 800 dólares del fondo común. Por heridas menores las cantidades serán proporcionales.


-  El capitán y el cabo de brigadas recibirán dos partes de cada presa; el maestro, el contramaestre y el artillero, una parte y media, y los demás oficiales una parte y un cuarto.


-  Los músicos tendrán descanso el domingo, pero los seis días y noches restantes no gozaran de ningún privilegio especial.

 

Los piratas de Defoe son los que obedecieron las órdenes del capitán Flint, o los que estaban allí cuando Pew se quedó ciego; o los que injustamente abandonaron a Ben Gunn en la Isla; o se enrolaron con el famoso Long John Silver para ir en busca de la remota isla del tesoro.Retrato de Daniel Defoe

 Libro de Defoe

Biografía

Daniel Defoe nació en Londres en 1660. Hijo de comerciantes, pronto inicia una vida itinerante y siente el impulso de profesar la carrera eclesiástica, idea que, dado su espíritu emprendedor, abandona a los veintiún años para dedicarse al comercio y los negocios. De vida aventurera, fue periodista, importador, político, armador, espía de los torys a favor de los progresistas whigs, y finalmente novelista de enorme éxito. Defoe tuvo que visitar la cárcel en varias ocasiones por problemas económicos y por sus ideales políticos.

A los sesenta años decide dejarlo todo por literatura; esta fue la mayor decisión de su vida ya que gracias a ella, escribe la obra que le ha dado renombre universal, Robinson Crusoe (1719).

Aparecida originariamente bajo la firma del Capitán Charles Jonson (1724-1728) la Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas.

Ésta es la fuente principal y mejor documentada de la que han bebido tanto los estudiosos de la Historia de la Piratería como los novelistas que crearon la leyenda romántica y universal de aquellos marinos, proscritos y temerarios, detestados y perseguidos, cuya única patria era su bandera y sus océanos.

   

           

 

Bandera de Henry MorganGalería de banderas piratas
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