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EL ESPINO

Tras la finalización de una de las calles con más historia de la capital soriana, la calle Caballeros, con gran pasado nobiliario, y a las faldas del castillo de Soria, nos encontramos con la iglesia de La Virgen del Espino. Pese a que esta capilla ya figuraba en 1270 en el registro con el nombre de Nuestra Señora de Covaleda, en la actualidad casi no queda nada de la estructura original, de carácter románico, ya que ha sido restaurada prácticamente en su totalidad. Estamos ante una iglesa de una única nave, con tres tramos y capillas abiertas a los lados, construida en varias fases a lo largo del siglo XVI, exceptuando el Camarín de la Virgen y la puerta del lado del Evangelio, que son de una fecha posterior.

Junto a la iglesia se encuentra el cementerio de Soria, el cual recibe numerosas visitas al encontrarse en él, el la tumba de Leonor, la que fuera esposa de Antonio Machado.

Y en la misma puerta de la iglesia, se encuentra un olmo al que llegan numerosos turistas cada año, ya que a dicho árbol, el mismo Antonio Machado le dedicó un poema que se encuentra impreso en el tronco del mismo. Dicho “monumento” es un símbolo tan importante en Soria, que el Ayuntamiento soriano se vio en la necesidad de intervenir con carácter de urgencia en su cuidado debido al grave deterioro que presentaba y se tomó la decisión de retirar de su interior unos 2.000 kilos de cemento y ladrillos que se introdujeron e el interior de su tronco para mantenerlo de pie.

A un olmo seco

”Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
 

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.”

 Antonio Machado

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