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El impresionismo en la pintura
partió del desacuerdo de algunos artistas con los temas clásicos
y con las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa
de Bellas Artes. Esta fijaba los modelos a seguir y patrocinaba
las exposiciones oficiales del Salón parisino.
Los impresionistas, en cambio,
eligieron la pintura al aire libre y los temas de la vida cotidiana.
Uno de sus primeros objetivos fue captar una representación del
mundo espontánea y directa, y para ello se centraron
en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos. La
luz tiende a difuminar los contornos y refleja los colores de los
objetos circundantes en las zonas de penumbra.
Eliminaron los detalles minuciosos
y tan sólo sugirieron las formas, utilizando para ello los colores
primarios como el cyan, el magenta y amarillo. Además aplicaron
los colores complementarios como el naranja, el verde y el violeta.
Con esa técnica lograron dar una ilusión de realidad, aplicando
directamente sobre el lienzo pinceladas de color cortas y logrando
gran brillo en sus pinturas.
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