Inicio

Requerimientos nutricionalesCómo ser un niño sano
RecetasEl niño que no comeEl niño deportistaEnfermedades infantilesAprende jugandoEnlaces de interés y bibliografía


El niño que no come

 ¿Por qué los niños no quieren verdura?

Muchos dejan de comer al año.

¿Hasta cuándo siguen los niños sin comer?

No todos los niños crecen al mismo ritmo

Las tres defensas del niño

El problema de las alergias

¿De verdad no come nada?

Qué no hay que hacer a la hora de comer

Las recomendaciones de la ESPGAN

 



¿Por qué los niños no quieren verdura?

 

Los niños pequeños tienen el estómago muy pequeño. Necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen.

No es un problema de sabor. Es más, normalmente aceptan bien una pequeña cantidad de verduras. Pero su dosis normal suele ser de apenas unas cucharadas, y algunos padres pretenden darles un plato entero. Y, ofensa sobre ofensa, darles ese plato de verduras en vez del pecho o del biberón, que tenían el triple de calorías o más hace que  el niño se niegue a aceptar semejante aguachirle.

 

Muchos dejan de comer al año.

 

El motivo de este cambio alrededor del año es la disminución de la velocidad de crecimiento. En el primer año, los bebés engordan y crecen más rápidamente que en ninguna otra época de su vida extrauterina. Durante el segundo año el crecimiento es mucho más lento: unos 9 cm, y un par de kilos. Según los cálculos de los expertos, los niños de año y medio comen un poquito más que los de nueve meses; pero eso no es más que la media, y muchos niños de año y medio comen, en realidad, menos que a los nueve meses. Los padres, no informados de este hecho, se hacen un razonamiento aparentemente lógico: con un año come tanto, con dos comerá el doble. Resultado: una madre intentando dar el doble de comida a un niño que necesita la mitad o menos.


¿Hasta cuándo siguen los niños sin comer?

 

La situación suele ser transitoria. Hacia los cinco o siete años, al aumentar su tamaño corporal, empiezan a comer algo más que antes. Pero no siempre es este pequeño aumento suficiente para colmar las aspiraciones de sus familias. Por una parte, la cantidad de alimento que cada persona necesita es muy variable, y algunos niños comen mucho más o mucho menos que sus compañeros de la misma edad y tamaño. Por otra parte, las expectativas de los padres pueden ser también muy distintas. Por uno u otro motivo, muchos niños siguen así hasta el inicio de la adolescencia.

 

No todos los niños crecen al mismo ritmo

 

Hay un ritmo de crecimiento especial que suele traer de cabeza a los padres. Se llama «retraso constitucional del crecimiento», y no es una enfermedad, sino una variación de la normalidad. Son niños que no crecen siguiendo las gráficas, sino que van por libre. Nacen con un peso normal, y crecen normalmente durante unos meses. Pero en algún momento hacia los tres o seis meses echan el freno, y empiezan a crecer muy despacito, tanto de peso como de talla. Se mantienen en el límite o fuera de las gráficas un par de años, pero entre los dos y tres años empiezan a crecer a mayor velocidad, de modo que alcanzan una altura final completamente normal, y son adultos de estatura media. Es una característica hereditaria.


 

Las tres defensas del niño

 

Los niños si se comieran todo lo que les intentan hacer comer, enfermarían gravemente. Por fortuna, disponen de todo un plan estratégico de defensa contra el exceso de comida, que se pone en marcha automáticamente. La primera línea de defensa consiste en cerrar la boca y girar la cabeza. Si se sigue insistiendo, el niño se retira a la segunda línea de defensa: abre la boca y deja que le metan lo que sea, pero no se lo traga. Se dice entonces que el niño «hace la bola». Si se insiste más todavía, el niño puede llegar a tragar algo. Se ve reducido entonces a su última trinchera: vomitar.

 

El problema de las alergias

 

Uno de los motivos que pueden hacer que un niño se niegue a comer es que determinado alimento le siente mal. Las alergias a ciertos alimentos pueden llegar a ser peligrosas. Un ejemplo muy común es la alergia a la leche de vaca.

 

¿De verdad no come nada?

 

Uno de los errores más frecuentes es creer que «la leche no alimenta».

Tanto la materna como la del biberón. Como son líquidas, la gente piensa que son poco menos que agua, cuando en realidad su contenido en calorías y proteínas es muy alto.

Conviene que los niños mayores de un año no tomen más de 500 ml de leche al día. Si toman más, no es que sea muy grave, pero  no le van a caber otras cosas. Por eso recomiendan muchos expertos que los niños criados con biberón no tomen ningún biberón más después de cumplir un año. Que tomen la leche en un vaso. Es un pequeño truco para que no tomen tanta leche; con el biberón entra demasiado fácil.

 

Qué no hay que hacer a la hora de comer:

 

-          La persistencia.

-          Las incursiones nocturnas.

-          Las odiosas comparaciones.

-          Los sobornos: No es conveniente usar la comida en sí como premio o como castigo.

 

Las recomendaciones de la ESPGAN

 

1. Al aconsejar, hay que tener en cuenta el ambiente sociocultural de la familia, la actitud de los padres, y la calidad de la relación madre-hijo.

2. El beikost no debe introducirse antes de los tres meses ni después de los seis meses. Se debe comenzar con pequeñas cantidades, y deben aumentarse poco a poco.

3. A los seis meses, no más del 50% de la ingesta energética debe provenir del beikost. Durante el resto del primer año, la leche materna, artificial o los productos lácteos equivalentes deben darse en cantidad no inferior a los 500 ml al día.

4. No hay necesidad de especificar el tipo de beikost (cereales, frutas, verduras) que debe introducirse primero. Deben tenerse en cuenta los hábitos nacionales y los factores económicos. Es mejor retrasar hasta los cinco o seis meses la introducción de ciertos alimentos altamente alergénicos, como los huevos y el pescado.

5. Los alimentos con gluten no deben introducirse antes de los cuatro meses. Incluso puede ser recomendable retrasarlos más, hasta los seis meses.

6. Los alimentos con un contenido en nitratos potencialmente alto, como las espinacas o la remolacha, deben evitarse durante los primeros meses.

7. Se tendrá especial cuidado con la introducción del beikost a los niños con una historia familiar de atopia, en los que los alimentos potencialmente muy alergénicos deben ser estrictamente evitados durante el primer año. 

                                                                                                flecha arriba

Volver a Inicio
 (10/02/2011) Para más información
aph16@alu.ua.es 
mrc43@alu.ua.esitg5@alu.ua.es