Su Obra

 
 

 

Takashi Miike siempre estuvo ignorado en Occidente hasta que en el año 2001 lo dio a conocer el Festival de Rótterdam. La obra de Miike ha venido desbordando desde entonces todo el circuito de festivales internacionales, entre ellos el de Cine Independiente de Buenos Aires, que exhibió un puñado de sus últimas películas, a cual más desconcertante y diferente de la otra, con variantes de género que van desde el cine de yakuzas hasta una comedia musical excéntrica (The Hapiness of the Katakuries, 2001). No obstante, la obra de Miike no gusta especialmente por los géneros en los que trabaja, sino más bien por lo extrañas y desconcertantes que pueden resultar para el público occidental. Sus películas podrán ser ofensivas, violentas y oscuras, pero nunca carentes de un firme trasfondo que dé validez a las bizarras imágenes que muestran.

Miike debutó como director en 1991 con la comedia “Eyecatch Junction” (Topuu! Minipato Tai). Tras su debut, realizó en tan sólo 4 años once largometrajes para el creciente mercado del video. En 1995 realizó “Shinjuku Triad Society”, una película rodada en 16 mm que generó una pequeña conmoción en los espectadores ansiosos de novedades. La historia es sencilla y no se aleja demasiado del género yakuza contemporáneo, pero el paradójico estilo personal del director comienza a establecerse. Por ejemplo, la policía de la película empieza a interrogar a un sospechoso, pero los métodos tradicionales no logran resultado alguno. La imagen corta a negro y a continuación vemos que el sospechoso está desnudo, las cuatro manos apoyadas en el piso. Detrás de él otro policía lo sodomiza mientras continúa haciendo las preguntas pertinentes, un método poco ortodoxo de tortura. La brusquedad del cambio de registro, el paso de comedia repentino e inesperado, es una de las marcas personales de Takashi Miike.

 “Shinjuku Triad Society” inicia una trilogía unida por el tema de la inmigración y las operaciones de la mafia china en territorio nipón, que completarían “Rainy Dog” (Gokudo Kuroshakai, 1997) y “Ley Lines” (Nihon Kuroshakai, 1999). Esta última película es la más lograda de las tres y una de las más trágicas e interesantes de su filmografía. Ese territorio sería nuevamente visitado, aunque invirtiendo los espacios geográficos, en “The Bird People in China” (Chugoku No Chojin, 1998), donde un par de japoneses representativos del capitalismo más extremo encuentran en un pueblo perdido de China la posibilidad de un cambio radical en sus vidas. Con esta película les demostró a colegas y productores que su talento como realizador iba mucho más allá de la velocidad y el nervio narrativo. Miike es un cineasta extremadamente talentoso y, como Fassbinder en otros tiempos, simplemente no puede parar de rodar.

La buena acogida “The Bird People” tuvo como consecuencia inmediata el ofrecimiento de realizar su trabajo más industrial y de mayor presupuesto hasta la fecha: “Andromedia”, que es una teen movie que tiene como protagonistas a las chicas de un grupo llamado “Speed”. A los quince minutos de comenzar la película, la líder del grupo muere atropellada por un camión, y su alma pasa el resto del film encerrada en un ordenador, mientras unos villanos del mundo de la informática tratan de atraparla para conocer el secreto de la inmortalidad. Si bien es cierto que al menos un tercio de la obra de Miike está dedicada al cine de yakuzas, como ocurriera con Seijun Suzuki hace cuatro décadas, los códigos y lugares comunes del género son para el director apenas una plastilina flexible sobre la cual moldear otras figuras.  Su reciente película “Gozu” (Gokudô kyôfu dai-gekijô: Gozu, 2003) comienza con un grupo de mafiosos reunidos en un restaurante, imagen recurrente si las hay, pero al cabo de un par de minutos, Miike comienza a amasar, estirar, deformar, delimitar para acto seguido romper esos límites, y el resultado es algo parecido a un David Lynch en ácido. Todo ello sin perder de vista el rigor narrativo y un talento para la cohesión de elementos, en principio insolubles, pocas veces visto.

Desde la primera mitad de “Audition” (Odishon, 1999), más cercana a un drama de corte romántico, o el lirismo expuesto en “The Bird People of China” (“Chugoku No Chojin", 1998) hasta llegar a todo tipo de extremo con baño de sangre en “Ichi The Killer” (“Koroshiya 1”, 2001) inspirado en el manga de Hideo Yamamoto, el mejor calificativo que podríamos utilizar con Miike es ecléctico. Un curioso aspecto del cine de Miike es el ácido humor negro que despliega en sus películas, ya sea en los extraños personajes de “Fudoh: The New Generations” (“Gokudo Sengokushi: Fado”, 1996), pasando por sus peculiares visiones de la familia o de la ruptura de la misma en “Visitor Q” (“Bizita Q”, 2000), una encarnizada mirada del futuro sin esperanza de Japón en la actualidad o “The Happiness of the Katakuris” (“Katakuri-Ke No Koufuku”, 2001), un musical realmente demencial donde los personajes pasan de ser de plastilina hasta volar por los aires. Es interesante señalar que éste ha sido comparado con “The Quiet Family” (“Choyonghan Kajok”, 1998), una comedia negra de origen coreano dirigida por Kim Ji-Woon, ya que presentan el mismo punto de partida narrativo. Ese humor llevado al límite ha producido derroches de extravagancia como los de “The City of Lost Souls” (Hyoryu Gai, 2000), centrada en el romance de un gangster brasileño-japonés y una inmigrante ilegal china, la cual es la obsesión de un extraño jefe de la mafia china, cruzada por operaciones de tráfico de drogas. Esta película es otro ejemplo de de las características de la dirección de Miike, ya que a diferencia del cierto aislamiento que tiene Japón con el resto del continente asiático y que muchas veces se ve reflejado en su cine, en “The City of Lost Souls” se da un mosaico de diversas nacionalidades poco común en las producciones japonesas y característica propia de gran parte de su filmografía.

Después de su debut en 1991, Miike ha realizado alrededor de 60 películas para cine y televisión, incluyendo dos miniseries entre 1999 y 2002, confirmando su estado como uno de los directores más incansables del cine actual. Aquellos filmes que la han dado renombre en el circuito de los festivales de cine alrededor del mundo hasta el punto de tener legiones fanáticas de su arte fueron principalmente “Audition” (“Odishon”, 1999) y la saga de “Dead or Alive”. Es por eso importante recalcar que el estreno comercial de “Audition” en nuestro país, a pesar de darse en condiciones un tanto limitadas, le permitirá a muchos acercarse por primera vez a uno de los mejores trabajos de Miike hasta la fecha. Películas como “Fudoh", “Audition”, “Full Metal Yakuza”, la saga de “Dead or Alive”, “Ichi the Killer”, “Visitor Q” o el oscuro musical “Happiness of the Katakuris”, demuestran su gran calidad fílmica y su arte como director.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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