LAS GRASAS

 

Las grasas más abundantes en nuestro cuerpo y en nuestra dieta son los trigliceridos. Este tipo de grasas se divide a su vez en : monoinsaturadas, polinstaturadas y saturadas, que veremos a continuación más desarrolladas.

 

 

Las grasas saturadas


Los ácidos grasos saturados se encuentran en todas las grasas y aceites y aunque se encuentran principalmente en la grasa animal existen también productos vegetales saturados como la crema de cacao y el aceite de palma, cacahuete y coco. Los ácidos grasos saturados a destacar son: ácido esteárico, que se encuentra en las carnes rojas, mantequilla, y crema de cocoa; ácido palmítico, en el coco y la palma; ácido butírico, en la mantequilla; y ácido araquídico, en los cacahuetes.

Nuestro cuerpo usa este tipo de grasa, básicamente, para producir energía. La longitud de los ácidos grasos saturados puede variar, y contra más larga sea la molécula, mayor tendencia a agregarse y pegarse, y más probabilidad de que se deposite en las células, órganos y arterias, causando problemas de salud.
La carne roja, productos lácteos y otros alimentos de origen animal se componen, en su mayoría, de moléculas largas de ácidos grasos saturados, por lo que cuando se consumen en exceso pueden dar origen a problemas cardiovasculares, entre muchos otros. Estos son, por cierto, muy abundantes en la llamada comida basura.

 

 

Los Aceites Poliinsaturados



Se les llaman ácidos grasos esenciales y entre éstos se encuentran el ácido linoleico, de la familia de los Omega 6 (aceite de girasol, maíz, soja, sésamo, cáñamo, onagra, borraja, semilla de grosella), y el ácido alfa-linolénico, de la familia de los Omega 3 (aceite de lino, soja, calabaza, nueces, vegetales de hoja verde y pescado azul). La gran virtud de estos aceites es que una vez metabolizados, y si el cuerpo presenta las condiciones adecuadas, se convierten en prostaglandinas, las cuáles ejercen un poderoso efecto sobre nuestra salud.

 

A rasgos generales, las grasas polininsaturadas:

Regulan el flujo de sustancias dentro y fuera de las células.
Reducen la formación de plaquetas.
Bajan la presión sanguínea y colesterol.
Regulan la presión de los ojos, articulaciones y vasos sanguíneos.
Actúan como drenadores del riñón.
Dilatan los vasos sanguíneos.
Regulan la división celular y pueden ayudar a prevenir el cáncer.
Previenen inflamaciones.
Regulan la respuesta al dolor, inflamación e hinchazón.
Ayudan a que la insulina sea más efectiva.
Mejoran la función de los nervios y del sistema inmunitario.
Regulan el metabolismo del calcio.
Previenen la salida del ácido araquidónico de las membranas de las células.
Regulan la producción de esteroides.
Se encargan de movilizar las grasas saturadas.

 

 

Los Aceites Monoinsaturados



Éstos incluyen el aceite de oliva, almendra, cacahuete, pistacho, aguacate y avellanas, y se encuentran en buen equilibrio entre las grasas saturadas y los aceites poliinsaturados.

Los aceites monoinsaturados tienen otra cualidades: por un lado, reducen las lipoproteínas LDL que ejercen un efecto negativo sobre las arterias; y, por otro lado, no agotan los niveles de HDL, los cuáles, como ya hemos visto, eliminan las grasas de las células y las transportan al hígado para ser desintegradas por los ácidos biliares y eliminadas del cuerpo.

El grado por el cual un aceite es monoinsaturado está determinado por la cantidad de ácido oleico presente. De los aceites monoinsaturados, anteriormente mencionados, el más alto en este ácido es el aceite de oliva.
Por lo que no es de extrañar que en los países mediterráneos, donde más se consume este tipo de aceite, la incidencia de ataques de corazón sea menor que en otros países europeos, a pesar de consumir una dieta rica en grasas.