SE BUSCA…
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Desde lo más
profundo de mi desesperación amarga y solitaria, escribo esta carta en
esta fría noche de invierno. En esta fría noche en que no he de
encontrar consuelo alguno en compañía extraña pues solo
y apesadumbrado se encuentra mi espíritu, abandonado de caricias mi
sombrío cuerpo, desalentado, exhausto del arduo viaje sin mis metas
encontradas. Es ahora cuando comprendo la fragilidad en que me hallo, la
ausencia de alegría que se apodera de mi alma, mi soledad misma, mi
vacío infinito que deja huecos para los oscuros, para los antiguos de
antaño que de vez en cuando vuelven con tenebrosos propósitos.
Vivo noches de engaño con visiones surrealistas; vivo mentiras
desdichadas camufladas entre las sábanas de mi propia cama. La veo en
estas noches largas, la recuerdo, pero sé que no es ella y si lo es la
rechazo desde lo más profundo de mi ser. La
conclusión a la que llego después de tanto darle vueltas al
asunto, es que ella, aquella que tanto amé y que ya me es
difícil recordar, aquella que he difuminado en el olvido de mi mente,
la que he confundido conscientemente en mi memoria, la que relego al
más oscuro rincón de mis sueños, esa que ni nombre
tiene, ella, sólo ella se lo pierde. Se pierde todo cuanto soy, un ser
imperfecto, un ser cargado de defectos, de taras irreformables, de
insalvables y abismales carencias que jamás serán llenadas
porque esa es mi naturaleza. Se pierde todas esas virtudes de mi persona y el
enorme defecto de ser capaz de haberlo dado todo, por ella, sólo por
ella. Se pierde mi capacidad de haberle movido montañas enteras,
cordilleras que el cielo rozasen si lo más mínimo le hubieran
molestado, con esfuerzo, con mi fuerza, con todo mi tiempo. Se pierde mi
capacidad ilimitada para amarla, para perdonarla, para quererla más
que a mí. Se pierde mi vida entera que en sus manos deposité.
Escribo esto porque parece la única forma de liberar mi
espíritu malherido, cautivo aún en el fondo de mis
sueños, atrapado por una arcana voluntad que a la mía supera
con creces. Es inexplicable que después de haber sufrido tanto, por
ella, aún siga viéndola por las noches, como era, como la
recuerdo cuando de ella me enamoré. Era tan bella, tan buena…
¿lo era, o me lo inventé? Para mí lo era, y ese era mi
sueño y mi ilusión, sólo míos y de nadie
más, era la mentira que me alimentaba día tras día y de
donde sacaba fuerzas. Y bien sabe Dios que me hubiera partido la cara con
aquel o aquellos que hubiesen hecho algo en su contra, hasta con mi propia
familia. Mil cosas hice que de poco sirvieron a los dos. Pero a mí
sí, me sirvieron de una forma que jamás pude sospechar. Me
hicieron crecer en dos años más que en diez vidas. Fue todo lo
que aprendí lo que hoy me hace fuerte para decir lo siguiente: busco a
mi alma perdida, a la que me busca desde el otro lado con el mismo anhelo que
el mío. Se busca a aquella que perdí hace años. Se busca
a quien pudo soportar mi mal genio en otras vidas. Necesito saber que hay
alguien que quiere vivir una aventura en la helada Alaska, entre bosques de
coníferas y nevados valles con ríos de plata, bajo el
deslumbrante manto infinito de auroras y estrellas en el cielo claro,
sobreviviendo al invierno en una cabaña de madera perdida. Necesito
saber que alguien me seguirá a las praderas salvajes de
Norteamérica, a las junglas siempreverdes de África, que
alguien me acompañará nadando en los mares de Madagascar,
buceando en sus inmensidades para descubrir sus secretos. Quiero un alma que
cruce el desierto conmigo en busca de Sakkara y Abidos, que me guíe
hacia el mismo centro de Tebas y se deleite con el rozar del viento y las
arenas, alguien que se aventure conmigo en las profundidades de Petra. Se
busca una niña traviesa que le guste jugar con barro y tirar a la
gente despistada al agua de una charca con ranas saltarinas, a alguien que no
le importe mancharse la ropa si la situación promete ser divertida,
alguien que juegue por jugar como lo hacen los niños; alguien que no
me diga que estoy loco cuando salga a hacer deporte a las diez de la noche
con cinco grados de temperatura, sino que me acompañe a correr o me lo
impida reteniéndome en nuestro cuarto (yo opondría una
mínima resistencia en este caso). ¿Hay alguna mujer en el mundo
que no tenga reparos en parar en mitad de una avenida a recoger a un perro
herido? Pues la quiero, la necesito encontrar cuando esté ayudando a
un anciano a levantar sus bolsas de la compra o cuando esté donando
sangre para aquella niña de Somalia que necesita su mismo grupo
sanguíneo. ¿Y alguna que tenga narices para irse a ayudar a esa
niña perdida? ¿Hay alguien, es posible? Cruzaré Europa
en bicicleta o a pie, pero pienso encontrarla. Me iré a Tanzania a
buscar entre los campos de refugiados a aquella joven valiente voluntaria que
viene de lejos a hacer lo que esté en su mano para ayudar a sus semejantes.
La encontraré saliendo de un bosque, en el corazón de la
milenaria China, con su pelo enmarañado, su cara manchada por trazos
de barro como una shamán del Paleolítico. Los animales la
seguirán y así sabré que es ella. Y será
bondadosa y tierna, y le gustará que la abracen, que le susurren al
oído que la quieren hasta el infinito, que le hagan masajes y le rocen
la espalda con la punta de los dedos. Le encantará dormir o hacerse la
dormida entre mis brazos y bajo una manta en el sofá, o en la cama, con
un edredón nórdico camuflándola mientras avivo el fuego
de una vieja chimenea. Y haremos el amor en un ático, entre alfombras
y baúles llenos de secretos rodeados de velas de colores, a media luz
y sin prisas, enamorados, con tenues aromas de incienso y flores dulces como
la miel. Se busca a esa chica que le guste viajar y al mismo tiempo que me
ayude a convertir una casa en nuestro hogar, poblándola de objetos con
recuerdos y sueños, muebles con vida propia y plantas y animales para
que puedan disfrutar nuestros hijos y nosotros con ellos. Busco una persona
que sepa convertir una vieja casa de campo en un castillo medieval con
nuestra imaginación y esfuerzo, alguien que sepa y quiera trabajar en
equipo conmigo, alguien que entienda mis bromas y sepa discernir entre mi
seriedad y mi burla sin intenciones, alguien que sepa aprovechar mi fuerza y
anular mis debilidades. Quiero encontrar una soñadora con los pies
fundidos a la roca que pise, porque sólo esas personas son capaces de
cambiar el mundo a la medida de sus más buenos deseos. Y al mismo
tiempo alguien que me plante cara cuando me equivoco, una fuerza equiparable
a la mía, una igual, no una subordinada ni una senescal, quiero
alguien que me complete y se oponga a mis ataques de maldad que todo mortal
sufre en su vida, una deportista que cuide tanto su cuerpo como su mente,
competitiva, tenaz, con una gran fuerza de voluntad. Quiero alguien que sepa
hacer las paces con un beso, o rebajar la tensión con un chiste o un
guiño descuidado acompañado de una sonrisa sincera, o que sepa
desviar la atención con una simple frase tonta que me haga comerme la
cabeza durante días. Quiero alguien que me sepa hablar con los ojos y
que entienda las frases que ocultan mis silencios, que sea sarcástica
y abierta, que no se tome cada palabra como una ofensa sino como un reto
entre iguales, como un juego de amigos de cinco años. Se busca a
aquella persona que sea capaz de arriesgar su vida sin miedos por sus
valores, por aquello que es justo, por los seres que quiere. No busco a
alguien que sea capaz de dar más que yo, simplemente lo mismo que yo.
Alguien para ir al cine, para salir de compras, tomar un café, alguien
que te critique, que te haga cambiar las cosas que hacen daño a los
que te rodean, alguien con paciencia para verte cambiar, con amor suficiente
para soportarte mientras dure el cambio, alguien tenaz que no se dé
por vencida ni ante la misma muerte y que no te vaya a dejar en la primera
cuneta del camino, eso quiero. Necesito, busco, ofrezco recompensa,
añoro encontrar a esa persona que sé que existe con el fin de
cambiar su mundo, de disfrutar ese mundo y de hacer lo posible y lo imposible
porque sus seres queridos disfruten con ella. Daría mi brazo derecho
por una persona sin miedos, sensible, que le encantase leer o simplemente
tumbarse delante de un río a contemplar los cielos porque sí,
sin más, que le gustara pintar, dibujar o recitar poesía de
Bécquer, leer relatos de Neruda, representar obras de la comedia
contemporánea. Daría lo que fuese por esa persona sin
prejuicios, sin razas visibles, sin traumas preconcebidos, por esa persona
que ayudase igual al anciano que al niño de Asia o a la vecina marroquí
del quinto B. Sé que existe, sé que es real, además
sé que son muchas y que en breve serán más. Sé
que hay activistas voluntarias de Cruz Roja, de Amnistía
Internacional, ecologistas, científicas, poetisas viajeras,
veterinarias sin fronteras, misioneras de la paz, devoradoras de libros y
música, gente sencilla y natural, sin mentiras ni andamiajes innecesarios
que oculten sus carencias. No necesito a la princesa guerrera Xena saltando
desde el Rainbow Guardian con un arpón sobre un barco ballenero ni un
premio nóbel de medicina para ser feliz, simplemente necesito a
alguien como yo, no igual, simplemente parecida, alguien con ganas de vivir,
es lo único que pido. Olvidad todos los requisitos anteriores, voy a
simplificarlo más: quiero entregarle mi corazón a una persona
abierta, joven de espíritu, que le guste la aventura y reír,
que le encante reír y que tenga unos ojos sinceros que no escondan
miedos ni traiciones. En definitiva: quiero encontrar a auna persona
íntegra que me llene y a quien le pueda ofrecer lo poco con lo que
cuento para llenarla a ella. Sé que hay miles de almas que buscan a su
gemela. Me añado a la lista. Desde esta noche hago el firme
propósito de no descansar sobre laureles, de no dejar de mirar al
frente, a los lados y en todas direcciones hasta que la vea llegar, sin dejar
de correr para acortarle el camino. Hoy entierro para siempre, por fin, de
forma irreversible, con magia y fuego, con ciencia y empeño, todo
aquello que me persigue aun tras la decisión de pasar capítulo.
Sea como sea, hoy se acaban los sueños, hoy soy más yo y menos
mi ayer. Hoy he decidido ser libre para encontrarla a ella y a mí
allí a su lado. No sé cuándo la hallaré ni si me
dará tiempo en esta vida pero juro una cosa sobre mi espíritu
inmortal: no cesaré en mi empeño hasta que la encuentre, y
tarde o temprano lo haré aunque así hayan de pasar mil vidas
desde ésta. Y una vez que la encuentre, pase lo que pase, ni el
mismísimo dios que nos creó al principio del universo
será capaz de separarnos porque con sólo que un segundo nos
veamos viajaremos uno en la mente del otro hasta el fin de los días. Y
si mi piel roza la suya, si un instante de este viaje me permite el detenerme
sobre sus labios o su cara, procuraré disponer de la suficiente magia
y fuerza para que nada desde ese momento se interponga entre nosotros. Juro
por lo más solemne que no habrá humano mortal, criatura
mitológica, desastre natural, demonio, ángel o deidad capaz de
alejarnos en lo más mínimo de esa unión que tanto
ansío. Lo juro por mi conciencia y lo antepongo hoy a todos mis
valores anteriores, lo instauro en el lugar más sagrado de mi
panteón. Hoy soy más que nunca el que siempre he querido ser
porque por fin me determino en buscar aquello que siempre he deseado, aquello
que se escribe en mayúscula y en grito vivo: HOY BUSCO EL AMOR
VERDADERO. Y, pase lo que pase, lo encontraré. Según
me dicen mis amigos, y así me temo, escribo mejores cosas cuanto peor
me siento. He aquí un mal momento de mi existencia que en
líneas pesimistas os dejo. Aun tras prometerme a mí mismo
viajar en la dirección del amor que busco no puedo dejar atrás
mi pesar por aquello perdido. Nunca se vuelve a experimentar la
sensación de nadar por primera vez. Lo bueno es que si te gusta el mar
llega un momento en que nadar deja de ser tal cosa para fundirte con el mismo
agua, y esa vez sí que es realmente especial. Que la luz infinita de
la esperanza sea el poderoso trazo que borre de vuestro recuerdo la amargura
que yo pude sentir en este día. Y por cierto,
¿sabéis una cosa? Me encanta la sandía, es una de las
cosas que más me gustan en la vida. La sandía, sin duda, es lo
mejor, sin la menor duda. |